De la verdad incómoda a la incomodidad de la verdad Alfonso del VAL. Sociólogo. Fundador de la revista "El Ecologista" en el año 1979 y autor entre otros del “Libro del reciclaje”, Ed. Integral y la “Guía del consumo responsable”.
Se nos presenta en las salas de cine de nuestro país, y del mundo entero, un producto audiovisual
Una verdad incómoda, que forma parte de una extensa campaña propagandística, basada en el calentamiento global del planeta, del señor Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos de América. Con su ordenador Macintosh y gracias a Internet y a la información obtenida por su privilegiada situación política, Gore consiguió elaborar un libro con el mismo título, de próxima publicación en España.

Con más de 700.000 copias vendidas sólo en la edición inglesa, a las que hay que añadir las vendidas en 23 ediciones y otros tantos idiomas, el libro de Gore, junto con la película y el DVD (un millón vendido sólo en Estados Unidos) del que se pondrá a la venta próximamente también en España (10.000 copias), Gore ha conseguido un verdadero cuerpo diplomático de carácter mediático que le abre las puertas de los grandes salones y foros mundiales.
Al Gore es recibido en Madrid (seis febrero de 2007) por el presidente del Gobierno español en el Palacio de la Moncloa. Varios ministros y otras personalidades acuden a su primera conferencia en España: El mayor problema actual de la humanidad y nuestra contribución para frenarlo. Conferencia que se anuncia en los medios con subtítulo: debate abierto con Al Gore.
Esta conferencia permite la asistencia libre a aquellos que abonen 470 € + IVA, cantidad que no da derecho a tomar imágenes ni grabación audiovisual de ningún tipo y tampoco a formular pregunta alguna al señor Gore, prohibición que afecta también a los periodistas. A pesar del ofrecimiento de plazas gratuitas para organizaciones ecologistas, algunas de éstas han recibido respuesta negativa a su presencia si no abonaban la cantidad citada.
Al Gore se presenta en la película como un enviado de la naturaleza, de origen norteamericano pero que también se dirige a los no norteamericanos (el producto ha de venderse en el mundo entero). El nuevo profeta, siguiendo la metodología bíblica de las siete plagas de Egipto, nos anuncia la octava plaga del calentamiento global que arrasará de nuevo el planeta.

Con un discurso americano para los norteamericanos, Gore maneja hábilmente la información que le parece oportuna y en esta misma línea elabora las conclusiones sobre el terrible futuro que se nos avecina y las soluciones con las que ya contamos.
Así, los datos que ofrece sobre la situación actual del calentamiento global del planeta provienen de "los científicos", que los hay buenos, de los que él se fía y que dicen la verdad, y malos, que la ocultan por dinero. Al Gore para nada cita a los científicos (cerca de 2500) que desde 2001 y por mandato de la ONU trabajan en el Panel intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC en sus siglas en inglés) que, por cierto, ofrecen una información más rigurosa y menos catastrofista que la expresada por el ex vicepresidente
Al Gore sólo nos habla del CO2 (anhídrido carbónico o dióxido de carbono) como único gas de efecto invernadero ignorando deliberadamente los gases, algunos como el metano, responsables de un efecto mucho mayor aunque esté presente en menores cantidades. ¿Tendrá algo que ver este olvido del IPCC con la política del presidente Bush de desprestigio de la ONU y rechazo a la firma del convenio de Kyoto? (...)
En su película, podemos ver cómo va a sufrir la Naturaleza, la obra de Dios, con mayor precisión y crudeza, que sus propios habitantes. Al referirse a los efectos del cambio climático en África, nos muestra un pobre mapa con el lago Chad, sin imagen alguna de sufrimiento de sus habitantes. La única imagen que ofrece para mostrarnos su angustia y sufrimiento que le lleva hasta la muerte, es la de un oso polar que nada hasta 100 km y muere, para encontrar hielo. Quizás la visita a España le sirva para que los ministros y otras autoridades le sugieran que cambie el oso por los africanos que, en mucho mayor número, mueren al intentar cruzar el estrecho de Gibraltar, para encontrar una vida mejor. Ya sabrá él, o sus asesores audiovisuales, que los africanos no son blancos como el oso.

Sin embargo, en la película no podemos ver las causas que han provocado la ruina económica y social de ese gigantesco continente que contiene una gran parte de los recursos naturales del planeta y que, quizás por ello se encuentre en la actual situación de ruina. (...)
Tampoco nos explica el señor Gore cual es la causa verdadera de la situación en el mundo sobre el agotamiento de los recursos, la contaminación ambiental y la desigualdad actual económica y social.
(...)
El consumismo es intocable, como alma y motor de nuestra actual civilización que transforma recursos naturales en residuos en la proporción del 93%. Sólo el 7% de los recursos naturales que utilizamos (minerales energéticos y no energéticos, alimentos,...) son transformados en bienes útiles para nuestro exagerado consumo. Al Gore nos indica que la solución está en cambiar el coche por otro sin decirnos si en la fabricación y utilización de este nuevo coche, se consumen más o menos recursos y si la eficiencia transformadora (mayor aprovechamiento de los recursos) será mayor o menor. Igual sucede con la energía, mostrándonos unos paneles fotovoltaicos (transforman la luz solar en corriente eléctrica) que, hoy por hoy, necesitan en su proceso de diseño, fabricación y montaje, más energía que la que producirán en su vida útil. Nos dice el señor Gore que demandemos a las compañías eléctricas energía limpia, verde.
(...)Nos dice que debemos reducir la dependencia del petróleo extranjero, no la movilidad compulsiva y enfermiza que nos impulsa a desplazar materiales, productos y personas constantemente y cada vez más deprisa y lejos. Sí nos dice que debemos de reducir la extracción de petróleo en nuestro país.
¿A qué país se refiere? La mayoría no tienen petróleo. Esta consigna, bajo el epígrafe de seguridad nacional se traduce en verdadero rechazo a la importación de petróleo, tanto para los militaristas (guerras territoriales por su control), como para los halcones fiscales (repercusión de las importaciones en la valoración del dólar) y económicos del neoconservadurismo que arropa al presidente Bush. También parece que pretende satisfacer los deseos de las poderosas sectas evangelistas que predican incesantemente el deber del hombre de conservar la Tierra que nos dio Dios. Aunque Al Gore no responde a la pregunta clave para estas sectas: ¿qué coche conduciría hoy Jesucristo?
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